Obras de hel-arte

Escrito por: Jc | Categoría: Ocio | Publicado el: 02-10-2009

Siempre he reconocido que soy de natural curioso y no tengo inconveniente en ir a ver nada, que de todo se aprende. Cerca de mi trabajo queda el Marco, el Museo de Arte Contemporáneo de Vigo, y de cuando en cuando vuelvo a entrar como demostración que el hombre es el único animal que tropieza doscientas veces en la misma piedra. El proceso mental habitual es así:

Fase 1: Oh cielos, una exposición nueva, voy a ver si descubro algo impactante y revolucionario.
Fase 2: Vaya, está todo lleno de trapalladas, ¿dónde tendrán la exposición?
Fase 3: Anda… si las trapalladas son la exposición.
Fase 4: risa floja…
Fase 5: ¿Seguro que no hay una cámara oculta por aquí?

Como soy un inculto no he sabido apreciar neones con una palabra escrita que un altavoz repite machaconamente, pelotas cortadas y abandonadas en una esquina, alambres embarullados colgando del techo, restos de frigoríficos y otras manifestaciones artísticas contemporáneas. En mi última visita quedé francamente anonadado ante la exposición de cincuenta y cuatro tetrápodos de cemento para dique junto con los restos de la instalación, que no fueron recogidos por orden expresa ya que forman parte del montaje. No hay palabras para definir lo que se siente en momentos como éste. Bueno, si, eran «venga una foto con el móvil que ésto lo tengo que contar en el blog».


Tetrápodos de cemento

Lo mejor es que desde hace un par de años es gratuito, aunque salgas con la misma sensación de tomadura de pelo tienes en el bolsillo los tres euros que costaba antes la entrada así que puedes irte al bar mas cercano a beber para olvidar.

Destino Madeira (I): el viaje

Escrito por: Jc | Categoría: Al sur | Publicado el: 02-10-2009

Pues nada, enhorabuena, ya que me gusta escribir y en agosto estuve de vacaciones en Madeira no os libra nadie del relato pormenorizado de tal periplo con sus fotos correspondientes. Intentaré resumirlo como buenamente pueda o sepa, pero de los quince o veinte capítulos no os salváis.

Como ya comenté, salimos de Oporto y viajamos con la TAP. Sin exagerar: mil veces mejor que salir de Vigo y viajar con Iberia. El aeropuerto de Oporto ha pegado un cambio tremendo, hace unos ocho o diez años parecía del tercer mundo y le han pegado un repaso tal que ahora es de primerísima línea. Grande, espacioso, tranquilo, bonito, cómodo y con un parking donde puedes dejar el coche ocho días por 32.50 euros (a ver si aprende AENA). La TAP, lo que se espera de una aerolínea: te tratan amablemente, el avión sale con diez minutos de retraso lo que puede ser considerado aceptable y ¡te dan de comer! Salíamos a las 9:50 (hora española), el vuelo duraba 1:35 y nos dieron a cada uno la típica bandejita con bocata chorizo y queso, zumo y un yogur. No es gran cosa, pero sí un detalle que las aerolíneas españolas han olvidado hace tiempo pese a cobrarte más.

En Oporto, niebla. Desde la cristalera del aeropuerto podíamos ver a dos mecánicos revisando las ruedas delanteras del avión. Mal rollo, mal rollo, a ver si vamos a empezar las vacaciones saliendo en las páginas de sucesos de los periódicos.


Mecánicos con la rueda

No eran presagios tranquilizadores, pero fue todo mejorando. Levantó la niebla, los mecánicos se fueron, embarcamos, despegamos, aterrizamos en Madeira, con un tiempo precioso y una tremenda luz que me puso los dientes largos pensando en la de fotos que iba a sacar. Y sí, saqué mil fotos, pero muchas con nubes bajas y cielos blancos porque el tiempo revuelto se vino con nosotros.

El aeropuerto de Madeira es simple, pequeñito, el avión te deja delante de la terminal, bajas y llegas a ella andando. Tres o cuatro cintas transportadoras de maletas, en diez minutos salían las nuestras. Nos esperaba un minibús a la puerta para llevarnos al hotel por una autovía de doble carril, y en el hotel empezaban las aventuras aunque eso se queda para el capítulo segundo.


Llegada con sol

Por cierto, mucho se habla del aeropuerto de Madeira: que si es muy corto, que si acaba en el mar, que si hay unos vientos horribles, que si la gente las pasa canutas… ná de ná. Aterrizar en Vigo sí que me pone nervioso porque te ves encajonado entre montañas casi a la misma altura a la que vuelas, aquí cuando ves la pista pim-pam-pum y hala, aterrizaste. Hombre, curioso, lo que es curioso, el aeropuerto sí que es. Parte está sobre el mar, en un voladizo que se sostiene sobre cientos de pilares. Así mismamente:


Aeropuerto de Madeira

Justo debajo de los pilares aprovecharon, que no están los tiempos para tirar nada, y metieron un área recreativa. Ahí se puede ver un poquito (lo sé, podía verse mas, pero fue sacada desde un autobús por la autovía y no era plan mandar parar al conductor ni bajarme y cruzar, sabiendo cómo se conduce en Portugal).


Columnas del aeropuerto

Poco mas que comentar de la llegada. Ah, si, esa curiosa manía que tiene la gente nada mas aterrizar por levantarse a toda mecha y coger el equipaje de la parte de arriba… por favor, ¿pero a qué vienen esas prisas? Hasta que abran las puertas no se sale, ya me contaréis dónde esta la gracia en pasarse cinco minutos de pie con el equipaje en las manos, todo el mundo haciendo bulto y estorbándose los unos a los otros. Los peores los que lo hacen para salir corriendo a la cinta de los equipajes, cuando todos sabemos que los de las maletas no se dan ninguna prisa y por muy tranquilo que te tomes ir a la terminal siempre vas a llegar antes que ellas…

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.Más información sobre las cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies