Adiós, Oporto adiós

Escrito por: Jc | Categoría: Al sur | Publicado el: 13-10-2010

Estos días vuelvo a andar desaparecido porque es un no parar de hacer cosas. El fin de semana pasado aproveché para hacer la que, con toda seguridad, será la última visita a Oporto en mucho tiempo visto que dentro de dos días empiezan a funcionar estos artefactos malévolos, los desplumadores automáticos, que ni en cabinas o personal se han molestado en gastar un duro. Cobrar, lo que sea, pero ni dar trabajo ni poner las cosas fáciles. No se les nota ni ná que lo que les interesa es hacer caja y el resto les da igual.


Peajes automáticos

Como ya dije en su día, a partir de ahora todos mis dineros me los gastaré en Galicia. El domingo entre ir de tiendas y comer fueron 180 euros que se quedaron en Portugal. Gracias a la avaricia de algunos, habrán sido los últimos también. Es una pena, porque Oporto me sigue gustando un montón. Justo ese día hubo marea viva con un medio temporal y menudo estaba el mar en la desembocadura. Nada que ver con otras ocasiones en las que el mar estaba como un plato.


Temporal en el faro

Alguna de las olitas eran espectaculares y por todos lados volaba la espumilla del mar que te humedecía la cara.


Temporal en el faro

Cuando llegué ya debía haber pasado lo peor, porque las olas no pasaban del muro pero a juzgar por cómo estaba el suelo, lo de antes tuvo que ser tremendo.


Paseo lleno de arena

Por supuestísimo, aquello llenito de gente contemplando la fuerza del mar. Nunca en mi vida había visto tanto personal por este paseo.


Todo el mundo viendo el oleaje

Justo al fondo de la foto anterior, a la izquierda, hay una bajada por la que se entra a un chiringuito playero de los finos, de esos situados justo sobre la arena que si lo pillan en España se lo cierran al segundo día de estar abierto por interferir con la anidación del avechucho colorado o por complicar la reproducción del mejillón colorao.


Chiringuito en la playa

En la terraza aún había unos cuántos valientes, carentes de miedo ante el oleaje, dando cuenta de sus consumiciones. Y si el mar quiere rugir, que ruja.


Gente en el chiringuito

Efectivamente, lo voy a echar de menos. Pero como cuando dios cierra una puerta, abre una ventana, ya veremos qué nuevas perspectivas encontramos.

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