Destino Madeira (X): excursión al este

Escrito por: Jc | Categoría: Al sur | Publicado el: 05-12-2009

La primera excursión a la que nos apuntamos nos llevaría a conocer la mitad este de la isla. Este día todo lo que podía salir mal, salió mal. La empresa con la que hacíamos la excursión se dedica a ello en plan masivo así que aparecieron en un bus grandote, cuando yo prefiero microbuses donde te lo pasas mejor, suele haber mas relación con la gente y coges confianza con el conductor, preguntas, te cuentan, si ves algo interesante paran sin problema, etc. Al micrófono, una guía de voz aguda que no paraba de hablar ni debajo del agua. A los diez minutos de arrancar empieza la lluvia fina. Empezamos por un pueblo llamado Camacha donde hay un almacén de artesanía típica (supongo que primos de alguien de la empresa de excursiones), tan horrible que hasta se me pusieron de punta los pelos que no tengo. Era como estar metido en un bazar chino lleno de productos portugueses. Fuera no paraba de llover y hasta hacía frío.

Seguimos al Pico do Areeiro, el pico mas alto de la isla con unas vistas del copón donde había tal niebla que no distinguías nada tres metros mas allá. Lo único de interés fue cuando se encontraron dos autobuses de frente en una carretera estrecha de montaña y el señor Egidio, conductor de nuestro autobús, nos hizo una demostración práctica sobre cómo se hacen trescientos metros marcha atrás por una carretera de montaña con un bus de doce metros de largo en condiciones de baja visibilidad sin caerse por el precipicio ni que se desmayen los pasajeros.

Siguiente parada, una piscifactoría de truchas en medio del monte (interés: cero) con una tienda de souvenirs al lado (de la prima del dueño de la empresa de excursiones) y un bar (de la cuñada del dueño de la empresa de excursiones) donde trabamos conocimiento con el brebaje típico de Madeira, la Poncha.


Poncha

Hecho de aguardiente de caña, limón y miel, podría ser usado como antibiótico de no ser porque además de los microbios, mata los glóbulos blancos, rojos, verdes y de charol, así como las neuronas. Creo que también puede ser usado como herbicida, lo que no sé es si volverá a crecer algo allá donde caiga una gota. Su delicado sabor no resultó de mi agrado como se puede apreciar, y eso que con la lluvia y el frío se agradecía cualquier cosa que calentara por dentro.

Viajecito hasta Santana, donde se hallan las casitas típicas que salen en todas las guias de Madeira. Suponíamos que sería un pueblo repleto de casitas pero sólo hay un par a la entrada, alguna desperdigada por el pueblo y otras dos juntas al final. Un bluff. Dentro una señoriña mayor vendía recuerdos de Santana, posiblemente la abuela del dueño de la empresa de excursiones.


Santana

Comida en Faial. Probamos el atún con tomate que estaba bastante bueno y el sable, un pez típico de madeira, tan rebozado que conseguían hacer desaparecer cualquier vestigio de su sabor pasado. Fascinado me quedé viendo las piedras con altavoz camuflado del jardín del restaurante.


Piedra altavoz

Frío, lluvia fuera, autobús, la voz de la guía que no callaba nunca, prácticamente entre parada y parada lo mejor que se podía hacer era entrenar para cuando la siesta sea deporte olímpico. Nos detuvimos en el mirador de Portela. Al frío se le juntaba una ventolera de cuidado. Tan solo la secreta esperanza de que ésta vez la guía sí se caería del precipicio abajo conseguía arrancarte del calorcito del sillón del autobús. Buenas vistas desde lo alto y poco más. La guía, que no colabora, vuelve intacta al bus. Camino de la última parada salió el sol, a buenas horas mangas verdes. Ese último stop era en un mirador desde el que se veía la ciudad de Machico y su «espectacular» playa de arena amarilla. Me imagino que de no ser por los espigones, el mar se la zamparía en dos días.


Playa de Machico

Sin embargo lo mas espectacular no me pareció tanto la playa como la punta del acantilado que se halla a su derecha (según pude comprobar los días siguientes, toda la isla está llena de acantilados iguales). Al haber salido el sol por fin las fotos tenían el colorido que se les supone deberían tener en Madeira.


Machico

Y por fin nos dejaron de nuevo en el hotel. Gracias señor, gracias señor, por fin nos libramos de esa mujer con su altavoz, por fin silencio…

Una vez concluido el viaje y visto lo visto, para aquellos que tengáis pensado viajar aquí decir que la mejor opción es alquilar un coche. Vas a tu aire, paras donde quieras, si hace bueno te quedas y si no te largas a otro lado. Iba con idea de que las carreteras eran muy malas pero prácticamente entre todos los puntos mas interesantes de la isla hay carreteras bastante decentes que han sustituido a las estrechas y reviradas carreteras antiguas. Si no te apetece conducir y quieres que te lleven de excursión hay muchas empresas pequeñitas con minibús, son mas baratas y lo pasas mejor que con las mayoristas. La semana que viene saldrá el relato de la excursión al oeste y veréis cómo cambió el cuento.

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